19 de Noviembre de 2019
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RAMÓN LLULL
por por Vicente Cassanya
RAMÓN LLULL
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Al parecer dio rienda suelta a su vida en la corte hasta que, a la edad de 30 años, tuvo una visión de la cruz. A partir de entonces, dedicó su vida a la conversión de los musulmanes. Bajo la tutela de Raimundo de Peñafort, estudió árabe durante nueve años y la filosofía del genial Averroes, para poder refutarla. Murió en 1315-16 y su leyenda dice que fue en Túnez, lapidado por los musulmanes, aunque algunos creen que murió en el viaje de regreso o incluso en su isla natal.
Fundó una escuela en Mallorca donde se prestaba especial atención al árabe y el caldeo, curiosamente dos lenguas sumamente implicadas en el conocimiento astrológico. De su prolífica pluma surgieron unos 300 escritos, de los cuales el más importante sería el Ars Magna, influenciado por Anselmo de Canterbury. En esta obra, intenta señalar los errores de la filosofía de Averroes, para lo cual inventa una máquina lógica, en la que sujetos y predicados se organizan en formas geométricas (círculos, cuadrados, triángulos, etc.). Pero la clave o el pensamiento esencial en Llull es que no hay distinción entre filosofía y teología, al igual que no la hay entre razón y fe. Para él, tampoco había que distinguir entre verdad natural y sobrenatural.
No obstante, una de las obras más interesantes, para nosotros, es su Tratado de Astronomía, originalmente escrita en catalán (terminada en París en octubre del año 1297) y más tarde traducida al latín. El libro se divide en dos grandes bloques, el primero de los cuales dedica al estudio de los planetas y los signos.
En esta obra Llull afirma que los astrólogos son "verdaderos hombres de ciencia", siempre y cuando no ignoren a Dios, quien, según él, tendría potestad sobre el determinismo astral: "Dios, mediante su poder, su justicia o la gracia que desee aplicar abajo, cambia la constelación para hacer su gracia o justicia sobre una región u hombre; por ejemplo, si por naturaleza Aries, Júpiter y Marte el hambre o la enfermedad deben reinar sobre una región, Dios, mediante la oración y la salud de algún o algunos hombres, concederá salud, lluvia, abundancia de bienes temporales".
Llull dice algo muy hermoso: que el cielo tiene alma y que ésta es la causa de todo ciclo vital. Y afirma: "Consideradas las alturas y naturaleza del cielo y sus partes, sabemos que tiene alma. Así como el Sol con su natural resplandor causa el día, el cielo, por medio de su alma, causa, aquí abajo, alma vegetativa y sensitiva".
Escribió en latín, árabe y catalán, y sus escritos influyeron bastante para el desarrollo de esta lengua. Sus obras fueron publicadas en diez tomos en Maguncia, de 1721 a 1742. Fue autor de varios libros de alquimia, el primero de los cuales no se publicaría hasta dieciséis años después de su muerte. La leyenda dice, incluso, que Llull viajó a Inglaterra para extraer oro de algunos metales para el rey Eduardo III (1312-1377), quien lo necesitaba para financiar la cruzada.
Sin embargo, y a pesar de todos sus esfuerzos, su misticismo racionalista sería condenado por el papa Gregorio XI en 1376, una condena más tarde ratificada por el papa Pablo IV. En cambio, Pío IX beatificó a Llull el año 1847. Su forma de pensar influyó especialmente en Nicolás de Cusa y en Leibniz.
El 13 de junio de 1997 Manolo Blasco descubrió, desde el Observatori AstronA?mic de Mallorca, un asteroide y solicitó a la Unión Astronómica Internacional que llevara el nombre de "9900 Ramón Llull". Así pues, el "Doctor Iluminado", como también se le conocía, queda inmortalizado en los cielos en forma de asteroide de unos 12 kilómetros de diámetro y un periodo orbital de unos 3,13 años.