19 de Noviembre de 2019
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TYCHO BRAHE
por por Vicente Cassanya
TYCHO BRAHE
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Su afición por el estudio de los cielos estrellados le llegó a muy temprana edad: a los 14 años ya leía a Ptolomeo. A los 17, mientras hacía sus propias observaciones astronómicas, encontró un error en las Tablas Alfonsinas, las que había mandado calcular el rey Alfonso X El Sabio, unas de las más perfectas de aquellos tiempos. Había un desplazamiento de un mes respecto a la conjunción Júpiter-Saturno correspondiente a su fecha de nacimiento.
La Astrología era su principal objetivo, como demuestra, entre otras cosas, que guardó toda su vida un libro con los horóscopos de sus amigos de juventud. En la isla de Hven construyó un castillo observatorio al que llamó Uraniborg, en honor de la musa de la Astrología y la Astronomía. Desde allí, hacía frecuentes lecturas a su rey Federico II en base a su carta astral y los designios de los astros.
Sin embargo, ese error que encontró en las efemérides planetarias le inclinó a centrar la mayor parte de sus esfuerzos en el estudio de la Astronomía. Muchos historiadores han utilizado este hecho para tratar de ocultar el papel de astrólogo de este extraordinario personaje. Pero la verdad es terca como una mula: para desarrollar la Astrología con mayor exactitud Tycho construyó un notable número de instrumentos astronómicos, como cuadrantes o esferas armilares de originales diseños.
Un día perdió los favores de Dinamarca y se vio obligado a buscar otro patrocinio. Lo hallaría con Rodolfo II, en Praga. Allí fue donde Kepler heredó sus trabajos, sin los cuales, probablemente, jamás habría descubierto las tres leyes que rigen el movimiento de los planetas.
Como astrólogo, Tycho tuvo grandes aciertos. De joven publicaba calendarios anuales astrológicos. En uno de ellos predijo la huida de los austríacos ante la invasión turca para 1575. Y así fue.
Uno de los momentos cumbre en su carrera se produjo en 1572, cuando descubrió la supernova de corta duración que apareció cerca de Casiopea. El único precedente que había en occidente era una que apareció el año 125 a.C. Después de estudiarla detenidamente, publicó sus conclusiones en La nueva estrella, un librito de 27 páginas en el que detallaba todas las medidas precisas y los posibles efectos astrológicos de tal fenómeno. Aquello se convirtió, con el tiempo, en una de sus más famosas predicciones. Dijo que en 1592 nacería en Finlandia un hombre destinado a una gran empresa en la causa religiosa. La vida de este hombre podría acabar en 1632, cuando llegase a su punto cumbre. Gustavo Adolfo de Suecia se ajustó asombrosamente a esta predicción: nació en 1594 en Estocolmo (entonces Finlandia era provincia de Suecia); fue el campeón del protestantismo y llevó a sus ejércitos a grandes victorias en la Guerra de los Treinta Años (una guerra religiosa) y murió en la más grande de sus victorias, en el campo de batalla de LAztzen, en 1632.